¿Qué dicen los cubanos de a pié de la inauguración del Gran Hotel Manzana Kempinski? (video)

June 10, 2017

La empresa Kempinski Hotels SA, con sede en Suiza, inauguró el miércoles 7 de junio su Gran Hotel Manzana Kempinski, en el corazón de La Habana, convirtiéndolo en el primer hotel de lujo de Cuba.

 

El hotel de cinco estrellas, administrado por Kempinski, pero propiedad de laa corporación Gaviota, del Ministerio de las Fuerzas Armadas de Cuba, ocupa los pisos superiores del renovado centro comercial Belle Epoque lleno de tiendas de artículos de lujo, Gucci y Montblanc.

 

 El ministro de Turismo cubano, Manuel Marrero, y el historiador de La Ciudad de La Habana, Eusebio Leal, estuvieron presentes en la ceremonia oficial de corte de cinta y en las festividades inaugurales.

 

El Ministerio de Turismo está presionando para explotar la inversión extranjera en la industria hotelera, ya que trata de atraer a un número creciente de visitantes a la isla caribeña.

Con su reluciente fachada de piedra blanca y ventanales franceses, el Gran Hotel Manzana Kempinski cuenta con una piscina infinita en la azotea con vistas al parque central de La Habana, así como un spa con sauna y vapor. También hay un salón de cigarros con un sommelier de tabaco.

 

Las habitaciones en el Gran Hotel Manzana Kempinski, oscilarán entre $360 la habitación doble en la temporada baja hasta $5.000 dólares la noche por la suite presidencial de1.600 pies cuadrados.

 

Los expertos de la industria dicen que Cuba, que ofrece una gran cantidad de alojamientos de gama baja y media, tiene derecho a apostar por el lujo, aunque será un desafío para los operadores mantener los estándares en una economía de estilo soviético estrictamente controlada por el gobierno y con unos parámetros de calidad y cortesía muy bajos.

 

El CEO de Kempinski Hotels dijo que confiaba en que la apuesta de la compañía resultará  exitosa.

El turismo es un punto fundamental para la moribunda economía de Cuba, que está luchando con la caída de las exportaciones y la agitación política y económica de su principal socio comercial, Venezuela.

 

El Ministro de Turismo Manuel Marrero dijo en mayo que se esperaban más de 4,2 millones de turistas este año, frente a 4 millones en 2016.

 

Las visitas de los estadounidenses han aumentado desde que los cruceros operados por Estados Unidos y los vuelos regulares se relanzaron el año pasado como parte de la distensión perseguida por el ex presidente Barack Obama después de un hiato de medio siglo.

 

Sin embargo, hay negros nubarrones en el ambiente para el gobierno cubano bajando desde Washington en dirección a La Habana.

El Presidente Donald Trump está considerando endurecer las reglas de las relaciones con Cuba y presionar al gobierno comunista de la Isla a que respete los derechos humanos y las libertades civiles. No obstante, no se prevé un rompimiento de relaciones, al menos por parte de Estados Unidos. Habra que ver cuál será la respuesta del anciano líder cubano Raúl Castro, que el próximo año 2018, dijo que abandonará el poder.

El Presidente Donald Trump hará el anuncio oficial de su política hacia Cuba el próximo viernes 16 de Junio en un viaje que hará a Miami.

 Según funcionarios de Estados Unidos y personas familiarizadas con las discusiones ese cambio afectará al turismo cubano, al menos en el corto plazo, y podría frenar el ritmo de construcción de hoteles en la Isla.

 

A pesar de las garantías de que los ingresos turísticos beneficiarán a todos los cubanos, esta situación despierta sentimientos muy encontrados en un país que se enorgullece de la igualdad social, pero donde la realidad es muy distinta a las consignas gubernamentales.

Un simple recorrido por los alrededores del super lujoso hotel Manzana Kempinski, puede servir para valorar como viven los cubanos, cuyo salario mensual promedio no alcanza los 30 dólares, es incluso más bajo que el del llamado "país más pobre del Hemisferio Occidental", que es Haiti. Allí el salario promedio es de alrededor de $300 dólares mensuales.

 

Muchos edificios del barrio donde está asentado el hotel, que datan de los años 1920 y 1930, están en completa ruinas o en muy mal estado higiénico y de seguridad. Techos y paredes agrietadas amenazan las vidas diariamente de las miles de familias que viven en esas edificaciones. Los edificios en Cuba pertenecen al gobierno, pero este no se ocupa de arreglarlos y repararlos. Los colapsos de edificios y casas son frecuentes y muchas veces tienen resultados mortales.

 

Los cubanos que trabajan en el sector privado como restauradores, taxistas y guías de turismo dicen que la llegada de Kempinski y sus rivales es un buen negocio para ellos.

Sin embargo, los beneficios para los más de dos tercios de los empleados del gobierno son menos evidentes.

 

 

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