Después de las Olimpiadas de Rio

August 26, 2016

En Rio de Janeiro la vida sigue igual

 Las XXI Olimpiadas de Rio de Janeiro fueron el cuarto gran evento deportivo que afecto la ciudad desde los Juegos Panamericanos de 2007. Después vinieron las Copas de la Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA), la de las Confederaciones en 2013 y la Mundial en 2014, disputadas en varias ciudades, pero clausuradas en Río, la sede principal.

  Por estas causas muchas familias fueron reasentadas en barrios lejanos del centro y de locales de trabajo, con infraestructura precaria, otras recibieron indemnizaciones insuficientes para rehacer sus vidas y algunos siquiera recibieron cualquier compensación por sus casas o negocios demolidos, según el Comité.

Río se convirtió en una de las capitales mundiales de los mega eventos, que son “una máquina de entretenimiento, una industria múltiple que generó un nuevo concepto de esparcimiento turístico, activo y no más contemplativo”, explicó Luiz Cesar Ribeiro, profesor de planificación urbana en la Universidad Federal de Río de Janeiro.

Río se adecuo a esa actividad, “por ser una gran metrópoli, de paisaje natural maravilloso y un centro cultural atractivo, donde hasta la pobreza de las ‘favelas’ se convirtió en producto interesante”, destacó Ribeiro, que coordina el Observatorio de Metrópolis, una red de investigación.

Además esa inclinación por grandes espectáculos y sus negocios tiene un desarrollo endógeno. El carnaval local se convirtió en un negocio turístico y televisivo internacional. Además en 1950, Río fue el corazón de la Copa Mundial de Fútbol, construyendo el Maracanã, el mayor estadio del mundo durante muchas décadas.

En los años 80 un empresario local creó el festival “Rock in Río”, que reunía multitudes, bandas y cantantes internacionales.

Pero los mega eventos cuestan mucho, exigiendo grandes inversiones en desmedro de servicios públicos, como salud y educación. “Solo ciudades ricas y sin problemas deberían acogerlos”, opinó el investigador.

“No es así porque la industria del entretenimiento prefiere ciudades como Río, con mecanismos de corrupción que facilitan sus negocios, lo que incluye a las de Rusia y Sudáfrica, o sino países o ciudades-empresas, como Qatar”, apuntó.

Se trata de una actividad cuyos precios no se fijan por el mercado, sino por acuerdos, sin parámetros, observó.

 

Brasil es un poco el inventor del nuevo concepto, ya que fue un brasileño, João Havelange, como presidente de la FIFA entre 1974 y 1998, quien “se dio cuenta del gran negocio que podría ser el fútbol, mundializándolo” e involucrando a distintos sectores, desde la venta del espectáculo, a la industria y el comercio de jugadores.

El gran avance en los transportes colectivos urbanos, anunciado como legado de los Juegos, no ocurrirá, porque se invirtió mucho en los BTR, de efectos limitados a sus circuitos, sin una política general de transporte de masa, que exigirían mejoras en los trenes suburbanos “en que no hubo ninguna inversión”, lamentó.

El plan olímpico también agrava los desequilibrios de Río, al concentrar las inversiones en Barra da Tijuca, una equivocada expansión urbana hacia el oeste, iniciada en los años 70, con “abultadas inversiones en túneles, carreteras y viaductos, en un circuito especulativo de altos costos sociales” para la ciudad, evaluó.

 

Así se perdió la oportunidad de la Olimpíada para “crear otras centralidades para equilibrar la ciudad”, revitalizar el centro y “salir del modelo que amplia inversiones en áreas ricas, al contrario de lo que se hizo en Londres”, para los Juegos de 2012, concluyó Ribeiro.

La violencia en la ciudad aumento, según dijo Campagnani, del Comité Popular. Las muertes provocadas por la Policía Militar local alcanzaron 40 en mayo, 138 por ciento más que el mismo mes de 2015, y la mayoría de las víctimas es de jóvenes negros.

 

 

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