"Vida de Perro", homenaje al mejor amigo

August 25, 2016

Esta corta narración y secuencia fotográfica son mi homenaje al mejor amigo del hombre

Esta serie de fotografías las tomé en un viaje a Samaná, República Dominicana hace ya varios años. Fue uno de esos días que te marcan el recuerdo. Cuando llegué a la playa me encontré a un viejo perro echado a la orilla del mar.

Era un perro vagabundo, de los que los dominicanos llaman "vira-latas (por eso de que derriban los depósitos de basura en su continua búsqueda de comida por las calles y rincones de ese país). De color marrón oscuro. Se notaba que en sus mejores tiempos había sido un bello ejemplar de complexión fuerte y presencia imponente, pero ya sus mejores horas habían pasado. VEA VIDEOS DE REPÚBLICA DOMINICANA

 Su postura contemplativa inmediatamente llamó mi atención.  Parecía que sabía por qué estaba allí. Una de las playas mas bellas que he visto en mi vida. Yo allí estaba solo de paso, pero a él le pertenecía ese pedazo de arena, ese pedazo de mar y un cielo azul que deslumbraba.

La brisa jugueteaba con su reseca y descuidada pelambrera. Se daba el lujo de dejar correr el tiempo perezosamente echado en la arena como si estuviera contemplando su vida pasar frente a sus ojos. Calmado, con la respiración relajada y sus hermosos ojos marrones perdidos en el infinito mar.

Me le acerqué cauteloso, como pidiéndole permiso para invadir esos momentos tan suyos.

No quería distraerlo ni molestarlo, pero un instinto muy fuerte me hacia acercarme. Quería estar más cerca de él y pasar mi mano por su sucia piel, salpicada de granos de arena que brillaban al ser impactados por los rayos de sol.

En los primeros momentos ignoró  mi presencia.

 Poco a poco e insistentemente, me tomé la libertad de acercarme, de forma casi íntima a él. Pese a verse descuidado y sucio no olia mal. Olía a salitre, arena, a mar, a libertad.

Con cuidado y cautelosamente le pasé mi mano por su lomo. Sentí su cuerpo vibrar al primer contacto. Su piel tembló y viró la cabeza hacia mi. Nuestros ojos se encontraron y vi en ellos una expresión humana, de agradecimiento, de satisfacción, pero no de alegría. VEA VIDEOS DE REPÚBLICA DOMINICANA

 Lentamente se volteó y quedo más cerca de mi. Se acurrucó contra mis piernas y puso su sucia cabezota sobre mis muslos. Así, relajados y calmos quedamos por mucho rato. Mis dedos se deslizaron entre su maltrecha piel. El agradeció mis caricias con suaves resoplidos.

En un momento me miró fijamente como tratando de decirme algo.

Yo sentí su agradecimiento y su tristeza. En pocos minutos me di cuenta que ya éramos amigos.  Él lo supo también.

Estábamos echados a la sombra de un árbol en la playa.

Yo disfrutando el paisaje, la brisa marina y su amistad. Él, gruñendo quedamente echado a mi lado. Le acaricié su pelambrera, marchita, reseca. Disfrutamos el poco tiempo de nuestra amistad. Los minutos corrieron. Pasó poco más de una hora. 

Cuando comenzaba a agonizar la tarde, vi brillar en sus ojos, por fracciones de segundos, esa expresión que refleja la sensación de haber encontrado a quien has buscado toda la vida. Levantó su cabezota y me ladró mirándome de frente. Yo lo comprendí. Era su adiós.

Sus ojos lagrimosos se apagaban. La brisa sopló más fuerte y una bandada de aves pasó por el cielo volando bajo, muy bajo. Las seguí con mi vista y lo vi corriendo alegre detrás  de los pájaros, retozando en la playa, revolcándose en la arena   y ladrando de alegría.  Los graznidos retumbaron en la playa y la brisa sopló más fuerte anunciándome la despedida de ese amigo instantáneo que solo esperaba una caricia para partir.

(Haga click sobre cualquier foto para ver la galeria)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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